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La Misión II

Estudio sistemático, por Fr. Francisco L. de Faragó, OP

Amanecer Kirigueti Palmeras

En la primera parte de esta catequesis sobre la Misión hemos llegado a una descripción en la que identificamos la misión de la Iglesia como la continuación en el tiempo de la misión de Jesús y de la Iglesia Apostólica, consistente en el anuncio e instauración del plan de Dios Padre, mediante la predicación y testimonio del Evangelio para que todos los hombres, todas sus comunidades y todas sus culturas den fe a su enviado, Jesucristo; acepten la gracia de Dios y así se establezca la comunión y hermandad universal entre los hombres y con Dios. Basta detenerse y pensar brevemente en la grandiosidad de cada uno de los términos de la descripción como “misión de Jesús”, “plan de Dios Padre”, “establecer la hermandad universal”… para que, como dijimos, se llene de gozo nuestro corazón cuando nos aplicamos a la misión. ¡Dios nos capacita mediante la fe y la gracia, recibidas gratis por su amor, y nos envía a participar en tan grandiosa tarea!

Sabiendo ya qué significa La Misión, vamos a plantear en este segundo tema su estudio sistemático para que al participar como es la voluntad de Dios en la tarea misionera, busquemos y nos hagamos conscientes de todo lo que implica. Vamos a señalar las cinco claves o elementos que la integran, a saber: el origen, el contenido, las mediaciones, los destinatarios y la finalidad.

Barca Río Perú ÁbalosEl origen de la misión es el encargo que Dios Padre ha hecho a su pueblo al elegirlo para la misión. La Iglesia, Nuevo Pueblo de Dios, es la comunidad que Dios Padre ha elegido mediante su Hijo, Palabra creadora, y sobre la que ha derramado su Espíritu para consagrarla y habilitarla para esta tarea. De aquí se deduce la obligatoriedad de nuestra implicación en la misión porque como nuestra comunidad y todos y cada uno de los que la integramos formamos parte del Nuevo Pueblo de Dios, estamos implicados y habilitados para realizarla.

El contenido de la misión, conforme con la descripción que conocemos es el anuncio e instauración del Reino de Dios Padre. El Reino que instauró y anunció Jesucristo, sigue aconteciendo y desarrollándose en la historia por obra del Espíritu Santo en la Iglesia. Jesucristo ejerce su reinado por medio de su Iglesia, que es su cuerpo y sobre la que reina. Lo hace derramando su Espíritu sobre ella para que sea, por un lado, testigo de que el Reino ya está entre nosotros y formamos parte de él; y por otro, para que instaure los valores del Reino: sabiduría, justicia, fraternidad, santidad, y redención restableciendo la comunión con Dios Padre y con todos los hombres hasta los extremos del orbe. Cuando llegue a su plenitud y Cristo entregue el Reino al Padre, la Iglesia ya no tendrá razón de ser.

Fijémonos en que la instauración de los valores es el fiel que titula o califica nuestras mediaciones y tareas como misioneras. La tarea misionera se mueve guiada por la sabiduría, siembra y hace florecer la justicia, hace crecer la hermandad, nos hace santos como santo es Dios, y redime del mal. ¡Qué gran riqueza se otorga a nuestro esfuerzo!

Las mediaciones de la misión son los medios usados en la misión. Se señalan cuatro: el anuncio, el testimonio, la acción y la pasión.

La Iglesia realiza su misión mediante el anuncio. Tiene diferentes formas; así le llamamos Kerigma, si es el primero, y catequesis, si es posterior. También es anuncio el ministerio de la Palabra en la “predicación”. La “oración” en cuanto reconocemos a Dios como nuestro Padre que nos ama y nos escucha; pero sobre todo tienen una especial relevancia como anuncio del Reino “los sacramentos” y en especial “la Eucaristía” donde el Señor se hace presencia viva del Resucitado por lo que debemos considerar el momento de misión más intenso. También es anuncio la “confesión de la fe” o recitación del credo, sobre todo cuando nuestras obras acompañan el anuncio.

Asamblea Comunidad Indigenas PerúTambién la Iglesia realiza su misión mediante el testimonio de personas y comunidades que, por su forma de vida, acciones, estilo, servicios se convierten en signos de la presencia del Reino, en testigos del Amor de Dios y presencia del Resucitado. Tiene esta mediación el gran valor de la credibilidad, pues actualiza y presenta constantemente ante los demás el mensaje de la misión haciéndolo vida. Ya lo dice el refrán: las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran.

Una tercera mediación es la acción. El Reino también se instaura por la acción transformadora de la realidad para hacer surgir los valores del Reino haciendo realidad en el mundo el Reino de Dios. Hablamos de la acción en los más diversos campos: educación, salud, cultura, promoción humana, defensa de los derechos humanos, liberación de tantas esclavitudes existentes.  Esta mediación tiene su lugar mas común en los puestos de misión con los pueblos originarios. Pero para que la acción no sea simplemente un trabajo de mejora sino una mediación de la misión requiere estar basada en la caridad, en el amor al hermano que busca justicia y liberación. Por esta razón, la caridad, la acción de Selvas Amazónicas difiere de la de una ONG laica.

La cuarta mediación era la pasión, el sufrimiento por amor. Las misiones no suelen ser sitios cómodos, su gente pertenece al grupo de los preferidos por Cristo por su pobreza y vulnerabilidad, muy lejos de las comodidades y seguridades que ofrece el mundo desarrollado. Pero la incomodidad y el sufrimiento se asentarán a tu lado, sobre todo cuando entres en comunión con aquella gente y compartas el suyo, entonces la compasión abraza su sufrimiento, como decía fray Louis Joseph Lebret “Amadlos hasta que no podáis soportar que sean tan infelices... Vuestro papel no puede ser sólo el de consolarles abandonándolos en sus necesidades cuando vosotros tenéis cubiertas las vuestras... La falta de higiene en sus casas, su dieta defectuosa, la pésima educación de sus hijos, sus huidas hacia adelante, es necesario que todo lo que les empobrezca os desgarre a vosotros mismos”.

Miguel Ángel Seybo EucaristíaEl martirio, como muestran y demuestran la historia de la Iglesia y la existencia histórica de Jesucristo, son mediaciones serias de misión que a pesar de su aparente fracaso son de suma eficacia. Si Jesús, refiriéndose a su muerte redentora, dice: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24), el martirio de sus seguidores debe dar también su fruto, por eso Tertuliano escribía: "La sangre [de los mártires] es semilla de los cristianos".

Los destinatarios de la misión son todos los hombres y comunidades de forma intensiva y extensiva. Dice el Apocalipsis: “Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” Nuevas y todas, esto es, nuevas porque se renueva toda la densidad ontológica de la persona como creadora de comunión, de relaciones sociales, de cultura; y todas porque el destino de la misión es la totalidad del género humano: a todos, los hombres, a todas las naciones, hasta los confines de la tierra.

La finalidad de la misión. Creo que ya ha debido de quedar clara la finalidad de la misión: la glorificación y el culto a Dios Padre haciendo que Él sea todo en todas las cosas. Se trata de manifestar el señorío de Dios, transformando un mundo de acuerdo con su voluntad, haciendo brotar un mundo más humano, más fraterno, más reconciliado. La  dimensión de la tarea obliga necesariamente a todo cristiano a participar en su realización. Cada uno conforme a su carisma debe incorporarse a esta tarea convertido en ministro de la misión de la Iglesia.

Fr. Francisco L. de Faragó Palou, OP 

Nota del autor: Esta breve catequesis en sus tres artículos está basada en la palabra MISIÓN del Diccionario Teológico de la Vida Consagrada. Publicaciones Claretianas – 1992 2ª edición por José Cristo Rey García de Paredes.

 

Esta publicación forma parte de una serie de tres artículos escritos por nuestro director Fr. Francisco L. de Faragó, OP antes de fallecer. En ellos reflexiona y profundiza en torno a La Misión; dejándonos sus enseñanzas y su legado para continuar su gran labor al servicio del Evangelio, de los pueblos originarios y las personas empobrecidas; para vivir la vida en misión. Puedes leer el primer artículo titulado La Misión I