Fallece fray Manuel Uña Fernández, OP, misionero dominico durante más de tres décadas en Cuba
Dedicó su vida a la predicación, la formación y el diálogo con la sociedad cubana

Fray Manuel Uña Fernández, OP, ha partido a la casa del Padre a los 91 años. Falleció el lunes 26 de octubre en la comunidad dominicana de La Virgen del Camino, en León, donde residía desde 2023. Su muerte deja una profunda huella en la familia dominicana y en la Iglesia cubana, a la que estuvo vinculado durante más de treinta años.
Nacido en España en 1935, ingresó en la Orden de Predicadores y profesó sus votos en 1953. Fue ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1959. Visitó Cuba por primera vez en febrero de 1986 y regresó en octubre de 1993 para establecerse allí de manera permanente. Durante su trayectoria fue párroco de San Juan Bautista y Santo Domingo de Guzmán, en San Juan de Letrán, en el Vedado de La Habana, y prior de la comunidad dominicana.
Su recorrido misionero estuvo marcado por la creación de espacios de formación y diálogo, especialmente a través del Aula Fray Bartolomé de las Casas y del Centro de Formación que nació posteriormente. En ellos tomó forma una manera de anunciar el Evangelio abierta al encuentro con personas de distintas convicciones.
Una linterna para iluminar
Fray Manuel recordaba su llegada a Cuba «bajo un apagón». Lo primero que le regalaron fue una pequeña linterna, un recuerdo que con los años se convirtió en una imagen de su manera de entender la misión: «sirve para iluminar, no para deslumbrar».
En la entrevista que desde Misioneros Dominicos – Selvas Amazónicas publicamos en nuestro canal de YouTube el 30 de diciembre de 2024, grabada en La Virgen del Camino, explicó que había llegado a Cuba sin un proyecto definido. Allí encontró personas que, aun teniendo muy poco, le sorprendieron por su alegría. Aquella experiencia le llevó a comprender que antes de decidir qué hacer era necesario escuchar y conocer la realidad.
«Lo más importante era escuchar y ver. Ver y escuchar», afirmó. Desde esa disposición, él y sus hermanos dominicos se preguntaron qué podían ofrecer a la sociedad cubana, siendo fieles a su vocación y al carisma de la Orden.
La respuesta fue abrir un espacio en el que pudieran encontrarse personas con distintas creencias e inquietudes. Así nació el Aula Fray Bartolomé de las Casas, que más adelante dio paso al Centro de Formación del mismo nombre. La iniciativa buscaba favorecer la formación, la cultura y el diálogo, sin excluir a nadie por sus convicciones.
«Jesús no excluyó a nadie», recordaba fray Manuel. Para él, la pregunta no era qué separaba a unos de otros, sino en qué podían coincidir para abrir caminos y contribuir a mejorar la sociedad. El Aula y el Centro se convirtieron así en una expresión concreta de su vocación dominicana y de su compromiso con la Iglesia cubana.
Anunciar a Cristo desde la propia vida
En aquella misma entrevista, fray Manuel compartió una convicción que había orientado su ministerio sacerdotal: «Lo primero es ser y lo segundo es hacer». Entendía que la predicación debía estar respaldada por la vida y que el anuncio cristiano no podía reducirse a palabras.
Recordó el encuentro con un médico que había pasado diez años en la cárcel. Después de asistir a una Eucaristía, aquel hombre había interpelado al sacerdote que la celebraba para pedirle que se notara que creía en lo que estaba celebrando. El recuerdo impresionó a fray Manuel y reforzó su convicción de que la autenticidad es inseparable del testimonio cristiano.
«Yo nunca me he preocupado de convertir a nadie; quien convence es Dios», explicaba. Su tarea, decía, era sembrar, acompañar y abrir caminos de encuentro, de vida y de reconciliación. «Uno es el que siembra, otro es el que recoge».
Esta manera de comprender la evangelización se inscribe en una trayectoria que él mismo había repasado en otros escritos. En agosto de 2026, Misioneros Dominicos publicó su reflexión Misión en clave dominicana: Santo Domingo como inspiración, en la que compartía experiencias vividas durante casi treinta años junto al pueblo cubano y reflexionaba sobre la fidelidad al carisma dominicano en la misión.
Cuba despide a un misionero muy querido
La noticia de su fallecimiento ha suscitado numerosas muestras de afecto y agradecimiento en Cuba. La Diócesis de Santa Clara ha recordado a fray Manuel como un hombre de Dios cuya vida estuvo entregada al pueblo cubano, al que llevó la sabiduría del Evangelio de Cristo. También la Diócesis de Cienfuegos se ha unido al dolor de la familia dominicana y de toda la Iglesia cubana, destacando su manera de vivir la misión: «iluminando sin imponerse, acompañando sin protagonismos y sembrando esperanza».
Fray Lester Rafael Zayas, OP, ha expresado el vínculo que unía al misionero con aquella tierra y con sus hermanos: «Cuba te debe tanto. Los dominicos de esta tierra te debemos tanto». En su despedida recuerda también su discreción, evocando cómo se marchó «sin hacer ruido» y «sin grandes “adioses”».
Por su parte, fray Celio de Padua, OP, ha dado gracias a Dios por su vida, su entrega a Cuba y sus años de servicio a la familia dominicana. En su mensaje escribe que «una vida dedicada a los demás deja huellas que la muerte no puede borrar».
Sembrador sonriente e incansable, fray Manuel hizo de su vocación dominicana una entrega cotidiana al servicio de la Palabra y de las personas más vulnerables. Su recuerdo permanece en las comunidades que le acogieron durante su larga trayectoria misionera y en tantas personas que encontraron en él a un hermano cercano.
Hasta la casa del Padre, fray Manuel
Damos gracias a Dios por tu vocación dominicana, por tu entrega a la Iglesia cubana y por la gran labor realizada junto a tantas personas. Tu testimonio nos recuerda la importancia de escuchar, acompañar y anunciar el Evangelio con una vida coherente con aquello que se predica.
Nos unimos en oración con nuestros hermanos dominicos, con las comunidades cubanas y con todas las personas que sienten su partida. Que el Señor, a quien fray Manuel anunció y sirvió durante toda su vida, le reciba en su casa y le conceda el descanso eterno.
Descanse en paz, fray Manuel Uña Fernández, OP.


