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Semana Laudato si': Reflexión de Fr. Javier Aguilera, OP

Del 22 al 29 de mayo de 2022 celebramos la Semana dedicada al mensaje que nos transmite la encíclica del Papa Francisco “Laudato si”. Recibimos la invitación de trabajar unidos y hacernos responsables del cuidado de la casa común

Semana Laudato si paisaje de la misión de Koribeni Misioneros Dominicos

Comenzamos la semana dedicada al mensaje que nos transmite la encíclica del Papa Francisco “Laudato si”. En esta semana se nos va a invitar, siguiendo la línea del sínodo sobre la sinodalidad a escuchar y trabajar juntos.

No es cosa de unos pocos sino que es responsabilidad de todos. La llamada al cuidado de la creación y al cuidado de los pobres, como podemos ver en la primera lectura que hemos escuchado, no es cosa de unos pocos sino que es cosa de todas las personas y de toda la comunidad:

  • Todos estamos llamados a crear comunidades con conciencia ecológica
  • Todos estamos llamados a poner nuestro granito de arena en esta misión
  • Todos estamos llamados a dar respuesta a los problemas de nuestra casa común, la creación, buscando el consenso y llegando a acuerdos para realizarlo.

Como tuvieron que llegar a acuerdos esas primeras comunidades cristianas para caminar unidos las comunidades judaizantes como aquellas que venían de la gentilidad

Y esto por dos razones:

  • Lo primero es que la creación es un bien en sí mismo ya que en la creación se nos hace presente el creador y en la bondad y la belleza de la naturaleza se nos hace presente la bondad y la belleza de Dios. No podemos olvidar esas palabras que se nos repiten en el relato de la creación: “Y vio Dios que era bueno”. Contemplar a las creaturas te lleva a descubrir lo que Dios nos quiere decir en ellas.
  • La segunda razón viene de la mano del mismo ser humano. Cuidar la creación redunda en el propio ser humano porque somos una comunión. Lo que le sucede en nuestra casa común, en la naturaleza, en las ciudades, en nuestros ecosistemas: la contaminación, el agotamiento de los recursos, el cambio climático… afecta a la vida de las personas, y en especial a la vida de las personas más pobres. Y esto porque muchos de los desastres naturales suceden donde se encuentran estas poblaciones más pobres y porque no tienen recursos para hacerles frente. Por este motivo cuidar el planeta lleva a cuidar de las personas y cuidar del planeta es una manera de combatir la pobreza.

Esta invitación nos la encontramos también el evangelio que hemos escuchado. En él se nos recuerdan las siguientes palabras: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará.” Nosotros mostramos el amor a Dios, el amor a Jesucristo, cuando escuchamos su Palabra y la ponemos en práctica. ¿Y no nos invita Jesús a obrar según el Padre que se preocupa del alimento y de la vida de sus criaturas? “Fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta.” (Lc 12,24)

¿Y no nos invita Jesús a obrar según el Padre que se preocupa de la vida de todo ser humano? “¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!”, continua diciéndonos Lucas en el mismo versículo 24. Y no olvidemos que cuando se habla de todos se refiere a todos; no a unos pocos, no a Misión de Malabo, Guinea Ecuatorial Misioneros Dominicoslos nuestros, no… sino a todos, porque “nuestro Padre celestial hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. (Mt 5,45)

Para ellos nos deja un medio que no es otro que la paz. “La paz os dejo, mi paz os doy”. Lo malo es que nosotros muchas veces hemos reducido la paz a la mera ausencia de violencia, pero la paz es mucho más que la ausencia de dicha violencia. La paz conlleva la armonía con uno mismo, la armonía con los demás, la armonía con todo lo creado, nuestra casa común y las demás creaturas y, por tanto, la armonía con Dios. Y todas estás “armonías” se influyen mutuamente: mi falta de armonía con el planeta conlleva la falta de armonía con los demás y conmigo mismo, y viceversa.

Además, no podemos vivir en armonía con Dios si no vivimos en armonía con nosotros mismos, con los demás y con el planeta: “cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis”. (Mt 25,40)

Y una última cosa para terminar, Jesús no nos deja solos, nos deja su Espíritu para que nos cuide, nos guie, nos enseñe y nos acompañe, como se nos recuerda en el evangelio: “El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.”

Fr. Javier Aguilera, OP
Promotor de Justicia y Paz y Cuidado de la Creación de los dominicos de la Provincia de Hispania.