«Si no hay Iglesia misionera, no hay Iglesia»
El P. José María Calderón, director de OMP España, reflexiona sobre la vocación misionera, el papel de los laicos y la responsabilidad de toda la Iglesia en el anuncio del Evangelio

En octubre, Mes de las Misiones, recuperamos esta entrevista de Rafael Alonso Ordieres al P. José María Calderón, director de Obras Misionales Pontificias, publicada en el número 14 de la Revista Selvas Amazónicas.
A lo largo de la conversación, Calderón aborda los desafíos de la evangelización en una sociedad secularizada y profundiza en qué significa ser misionero, desde el encuentro personal con Cristo hasta el compromiso de toda la comunidad cristiana.
Recogemos algunos de los pasajes más significativos de la entrevista.
La promoción humana y el anuncio del Evangelio
P: Sabemos que el objetivo central de las misiones es la construcción de la Iglesia local en sus territorios y el anuncio de la Palabra. ¿Existe entre nosotros, entre la Iglesia en general, la conciencia de que ser misionero, sea cual sea el territorio, es eso, anunciar la Palabra?
R: En muchas ocasiones, creemos que ser misionero es ir a un país pobre, que no tiene los medios para salir adelante, que hay que ayudarles al desarrollo humano y desarrollo económico. Y entonces vamos allí, más que como misioneros, como cooperantes [...]
Lo cierto es que no debería ser contrario una cosa a la otra, porque yo evangelizo y, ¿cómo voy a predicar la Palabra de Dios a quien no tiene pan? No se puede perder de vista la razón de mi presencia allí, que es hacer presente a Dios y su amor por los hombres.
La vocación misionera
P: Calificamos a los misioneros de múltiples maneras, desde místicos hasta aventureros. ¿Cuáles son los rasgos que definen verdaderamente a un misionero en cualquier contexto?
R: Un misionero tiene algo de aventurero. De hecho, por ejemplo, la campaña de Infancia Misionera de este año aquí en España la hemos hecho a base de la aventura. Hemos creado este eje para hablarles a los niños. Es decir, la misión es una aventura, es una aventura en que te lanzas. [...]
Entonces, ¿qué es lo esencial? Yo creo que un misionero es un hombre de Dios, es una mujer de Dios. Hace poco, el Papa León decía en una de sus catequesis una cosa que a mí se me ha quedado grabada, y es que «no podemos hablar de Dios quienes no hablamos con Dios».
Un misionero es un hombre de oración, de vida espiritual, un hombre que ha tenido un encuentro personal con Cristo y ha descubierto que por Cristo vale la pena dejar la vida e irse a lugares a llevarle.
El misionero es un hombre de Dios, es un hombre que ha sentido la llamada. No es el aventurero que toma la iniciativa; el misionero es el que obedece.
El papel de los laicos en la misión
P: Esto nos da pie a hacer incidencia en el tema del laicado misionero. ¿Existen laicos, no solamente voluntarios, sino verdaderamente misioneros?
R: Si no existieran, sería como para flagelarnos, sería muy grave. Claro que existen, es verdad lo que acabas de decir, pero por eso hay que aclarar las cosas. Un misionero no es un voluntario ni es un cooperante; siendo el voluntario y cooperante algo fantástico y bueno, y no descalificando ninguna de esas dos realidades, son buenísimas y necesarias.
Pero el misionero es aquel que escucha la palabra de Dios y, porque escucha la palabra de Dios, se deja ser enviado; le permite a la Iglesia que lo envíe a aquellos lugares donde él va a hacer presente a Cristo a través de su vida. Y su vida como seglar, igual que yo como sacerdote o el dominico como religioso, el seglar como seglar, que está en medio del mundo, pero evangelizando, haciendo presente a Cristo y su palabra en los ámbitos en los que él está colaborando.
Y además con una coincidencia que a mí me parece fundamental y que tenemos que recalcar mucho: no suple a nadie, un laico no es un suplente, no es el jugador de fútbol que está en el banquillo por si alguien se lesiona y entonces sale al campo. No, está en primero y sale a primeras.
En la Iglesia hacen falta todos los carismas y todos los estados de vida: los religiosos, los sacerdotes y los laicos; o podemos decir: los consagrados, los sacerdotes y los laicos. Primero, porque todos los bautizados somos misioneros, somos misioneros por el hecho del bautismo. [...]
Pero hay que destacar eso, no son suplentes. No se trata de que, como no hay sacerdotes, en esta comunidad haya un laico. No, el laico debería estar allí aunque hubiera un sacerdote.
Una misión que comparte la vida
P: Un tema transversal en las misiones es el de las relaciones interculturales, la evangelización en otras culturas. Cómo comprender que ir a misión no es empezar de cero, y se deben demostrar rasgos de respeto, de aprendizaje, de convivencia con otras culturas diferentes.
R: Yo creo que de las cosas que mejor definen a un misionero es que «es el que está». Porque muchas veces esa es la mentalidad que tenemos en este mundo nuestro, que es ser activista y que todo tiene que ser productivo y que todo tiene que ser eficaz. Decimos: el misionero, ¿qué hace? Está allí, es la sal de la tierra, es la luz del mundo, está ahí como la levadura. Está simplemente y comparte con la gente a la que ha sido enviado, comparte su vida, sus problemas, sus dificultades, sus angustias, sus alegrías, sus proyectos, sus ambiciones, las comparte con todos.
De las cosas que más destacan siempre los misioneros es que son los que se quedan. Es que no han ido a hacer, han ido a compartir, han ido a estar con ellos. Por lo tanto, el misionero es el que está.
Construir la Iglesia local
En la misma reflexión sobre la misión, Calderón explica qué horizonte debe guiar la presencia misionera en los territorios.
R: Es impresionante. A mí me emociona ver a los misioneros cómo trabajan, es decir, no son simplemente sacerdotes religiosos que van a un sitio para sacar vocaciones para su propio «cesto». No, van a entregar la vida en aquel territorio y construir la Iglesia, hacer presente a la Iglesia, hacer posible que la Iglesia se instituya en esos lugares y pueda trabajar. [...]
Yo no he venido aquí a quedarme para hacer mi grupo, sino para traer a Cristo, para hacer presente la Iglesia en este territorio.
El misionero va a construir la Iglesia local y hacer posible que llegue un día en el que, en ese lugar, no hagan falta misioneros, sino que tengan ellos mismos la capacidad de gestionar su propia iglesia, de evangelizar ellos mismos y de mantener la fe de la gente ellos mismos.
Somos misioneros con quienes están en la misión
P: La Memoria anual de Obras Misionales nos ha dado este titular: «España es el país con más número de misioneros, y el segundo con mayor aporte económico para las misiones». Nuestro mensaje más especial siempre tiene que ser para quienes colaboran con las misiones. ¿Por qué merece la pena seguir apoyando a los misioneros?
R: Hay una cosa en la que desde aquí estamos insistiendo mucho. No apoyamos a los misioneros. Nosotros no «apoyamos» a los misioneros. Nosotros «somos» misioneros con ellos. Es decir, si a mí Dios me ha dado la llamada a ser misionero con los que están en la Amazonía, no se trata de cómo los apoyo, sino de cómo soy misionero con ellos. Con mi oración, con mi sacrificio y con mi limosna. Esas son las formas en las que yo estoy siendo misionero con aquellos que se han ido a la misión, que se han ido a evangelizar.
No es simplemente dar una limosna de caridad. Es sentirme parte de la misión. Yo soy parte de esa misión que la Iglesia está realizando en Burundi, en Bangladesh o en Perú.
«No ser misionero y ser cristiano es incompatible»
Al final de la entrevista, Calderón vuelve a la convicción que recorre toda la conversación:
«Con perdón, pero te voy a corregir. No tenemos Iglesia misionera para rato. Es que, si no hay Iglesia misionera, no hay Iglesia. Por lo tanto, más vale que tengamos Iglesia misionera hasta que nos muramos. La Iglesia nació para la evangelización; la razón de ser de la Iglesia es la misión. [...] Y es que está dentro de nuestro ADN. No ser misionero y ser cristiano es incompatible».

La entrevista completa se publicó en el número 14 de la Revista Selvas Amazónicas, gratuita para las personas colaboradoras con Misioneros Dominicos. También puedes suscribirte por 15 € al año.


