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Reflexión teológica sobre la desigualdad y la pobreza

Fr. José Ramón López de la Osa OP nos ofrece aquí una reflexión teológica con motivo de la mesa redonda que, sobre la extracción de madera, oro y gas en la Amazonía Sur del Perú, tuvo lugar en la Escuela de Teología "Fray Bartolome de las Casas" en Madrid.

En el punto de partida de la teología está el don de la fe.

La reflexión sobre la fe, responde a la necesidad de formular y comunicar la experiencia creyente que resulta de la acogida de la Buena Nueva.

Ésta tiene lugar, en el seno de vivencias humanas diversas y complejas. Todo un mundo social, cultural y psicológico interviene, por lo tanto, en la elaboración del discurso sobre la fe. Es nuestra identidad.

Cuando se atraviesan situaciones humanas extremas, de sufrimiento, postergación e injusticia, como en América Latina y el Caribe, las preguntas calan hondo y conducen al corazón de las cosas. La interpelación que viene de esas situaciones nos coloca desnudos ante las preguntas básicas de la existencia humana.

El informe sobre la explotación de los recursos naturales en el suroriente peruano nace de articular un lenguaje de muchos años sobre Dios, en el mundo de la insignificancia social. Algunos lo llaman miseria. Pero es la forma de actuar ante el reto que se nos plantea al hablar de Dios.

Comprender la pobreza

La pobreza es una realidad polifacética, inhumana e injusta; consecuencia, sobre todo, de la forma como se piensa y se organiza la vida en sociedad.

No se limita a la vertiente económica. La realidad de países pluriraciales y pluriculturales, como lo son una buena parte de los latinoamericanos, el Perú entre ellos, nos pone rápida y directamente ante esa diversidad.

Presente desde un inicio, como problema y como enfoque, esta complejidad y multidimensionalidad subrayan lo que tienen común todos los pobres: la ausencia del reconocimiento de su dignidad humana y de su condición de hijas e hijos de Dios, sea tanto por razones: económicas, como raciales, de género, culturales, religiosas u otras.

La pobreza es Injusticia, no infortunio. La pobreza no es una fatalidad, es una condición; no es mala suerte, es una injusticia. Es fruto de manos humanas: estructuras económicas y atavismos sociales, prejuicios raciales, culturales, de género y religiosos acumulados a lo largo de la historia, intereses económicos cada vez más ambiciosos; por lo tanto, su abolición se halla también en nuestras manos.

Este informe es también una muestra de que hoy disponemos de los instrumentos que permiten conocer mejor los mecanismos económico-sociales y las categorías en juego.

Analizar esas causas es una exigencia de honestidad, y, a decir verdad, el camino obligado si queremos realmente superar un estado de cosas permanente, injusto e inhumano.

En el informe se desvela el papel que tiene la responsabilidad colectiva en este asunto y, en primer lugar, la de quienes tienen mayor poder en la sociedad.

La ayuda directa e inmediata a quien vive una situación de necesidad e injusticia conserva su sentido, pero debe ser reorientada y, al mismo tiempo, ir más allá: eliminar lo que da lugar a ese estado de cosas. Esto es lo que trata de ofrecernos el estudio realizado por Selvas Amazónicas, donde se nos muestra una de las muchas formas de hacer la misión hoy: hablar de causas de la pobreza, hacer ver lo delicado y, en verdad, lo conflictivo del asunto, razón por la cual muchos tratan de ocultarlo.

La pobreza es una situación que se agrava

Hoy, la inhumanidad e injusticia de la pobreza, la ignorancia de sus causas y la percepción de su complejidad, extensión, y hondura, tengamos o no una experiencia directa de ella, no puede ser disculpada. Concerla y desenmascararla es una acción que se constituye en pauta importante para apreciar la calidad humana y cristiana de la solidaridad con el pobre.

No hay cuestionamiento mayor al discurso sobre la fe que el que viene del sufrimiento del inocente. ¿Cómo entender a un Dios amor en un mundo que lleva la impronta de la injusticia, del genocidio, de la violencia terrorista, del desprecio por los más elementales derechos humanos? Así de simple. Se trata sin duda de una pregunta que supera la capacidad de respuesta que tiene la teología. Pero es una pregunta que no podemos eludir. La pobreza y sus secuelas son el gran reto de nuestro tiempo. Constituyen la pregunta fundamental por la justicia.

El lenguaje de la justicia

La justicia es un gran tema bíblico. Con frecuencia se presenta en el binomio justicia-derecho; la Biblia no deja de recordarnos que la fe en Dios está ligada al establecimiento de la justicia y el derecho. “justicia y derecho sostienen tu trono”, canta el salmo (89,15). Sin rechazo de la pobreza, sin compromiso por la justicia social, sin defensa de los más elementales derechos humanos no hay auténtica opción por el pobre, ni es posible hablar de la evangelización.

Esa es la razón por la que la justicia de Dios y la exigencia de practicarla de parte de los creyentes es presentada siempre en la Biblia en relación con el pobre. La defensa del pobre, la denuncia y el rechazo de las vejaciones que sufre, la solidaridad con su causa no son sólo expresiones de esa justicia son también su obligada verificación. De esa práctica y de esa exigencia proviene un lenguaje que nos permite hablar de Dios. La fuente primera para el hablar sobre Dios es su autocomunicación, la Buena Nueva.

El encuentro con la otra orilla

El encuentro de los primeros misioneros con la otra orilla, tuvo lugar en una situación inédita. Fue más bien un desencuentro. Pero el testimonio de los primeros evangelizadores sigue siendo una referencia importante para pensar la realidad: Más importante por el influjo que por su número.

Aquellos hombres se encontraron cara-cara con:
- la muerte temprana de los indios y con
- la opresión de que eran objeto.

Todos ellos no se limitaron a protestar: propusieron medios y soluciones para ello. Su preocupación se fundaba en su vivencia de Dios:
“hasta del más chiquito y del más olvidado tiene Dios memoria muy reciente y muy viva” (memoria- 1ª parte del informe)

Presentaron un discurso sobre la fe que destacó en el telón de la teología del siglo XVI. Hay en su obra una relación entre:
- Reflexión y teoría
- Compromiso histórico y práctica

Unieron en su reflexión:
- la Perspectiva de la fe y
- Experiencia de teología indiana.

Es esta experiencia la que les permitió desmontar el pecado social en su época. Y ahí estaba la diferencia entre los que se ocupaban de las cosas de los indios en España, y los dominicos del Nuevo Mundo (Las Casas). Para éste último cuenta:

- la prioridad de sus reflexiones,
- los acentos que ponían en sus reflexiones, que venían de su proximidad a lo que ocurría en aquellas tierras (la situación del misionero).

Por esto, Las Casas y los primeros misioneros son hoy un modelo de la influencia de aquel espíritu que comienza a partir de la predicación en la Española y cuya prioridad era, como lo sigue siendo hoy:

1.- La predicación del Evangelio

Su transformación personal y su opción profética está ligada a la proclamación del Evangelio.

a- La proclamación de la fe debía de ser, según Bartolomé de las Casas, el motivo principal de la presencia de los españoles allí, y no el oro.

- La salvación debe de hacerse presente en la vida desde ahora mismo; no es solo algo que se hará operativo cuando llegue la otra vida futura.
- Las vejaciones que sufren no son queridas por Dios.
- El teocentrismo es lo que da garra a Las Casas en sus análisis y propuestas.

b.- El derecho al Evangelio
- Hablar de derecho al Evangelio es reconocer que tienen aptitud para acogerlo. Algo que muchos rechazaban en su tiempo.
- Reconoce la capacidad de los indios para recibir el mensaje de Cristo
- Desde ahí se afirma la igualdad de todos los seres humanos. Dios se acuerda de todos y, en especial, de los más olvidados. “hasta del más chiquito y del más olvidado tiene Dios memoria muy reciente y muy viva”

c.- Comprende, ¿Quiénes son los idólatras?
- Tanta necesidad tenían los infieles como los fieles, de que se les proclamase el Evangelio de Cristo. Por eso se pregunta: ¿Quiénes son los idólatras?

El idólatra es el que pone su confianza en alguien que no es Dios.
- En la introducción a su Historia de las Indias, afirma que la razón para escribirla es “el bien y la utilidad de toda España”. “Intento liberar a mi nación española del error en que está en cuanto al trato a dar a las naciones indias”

2.- El primer derecho: La Vida

Esta intuición dibuja toda su teología en la época y su modo de entender la fe, en contraste con las formas dominantes de esta reflexión teológica de entonces (y la visión de los misioneros hoy):

- Derecho a la vida y a la libertad,
- Derecho a ser diferente,
- Perspectiva del pobre (su punto de mira)

Estas son las nociones que Bartolomé vincula estrechamente a su fe. Tuvo claro que aquella época representaba una gran novedad y que para hacerse cargo de ella, era necesario leer los acontecimientos con los ojos de los indios. Y esto no solo por motivos de metodología sino porque ese era el camino hacia Dios.